Nada que yo no quiera que pase

Habló y su voz parecía una melodía angelical para mis oídos. Tenía el cabello largo recogido con una coleta, eso lo hacía más interesante. Tatuajes en el brazo y un estilo bastante peculiar que llamaba la atención a distancia.
Hablábamos de negocios y de trabajo, no pude evitar acercarme de más y al verlo intimidado noté en sus ojos que estaba pensando lo mismo que yo: «Me gusta».
Charlamos un rato y tuvo que irse, pero una camaleona sabe que hay presas que siempre vuelven…
A la semana acordamos vernos, nos habíamos pensado el uno al otro por igual y esa intriga no había mermado en lo más profundo de los dos.
Te llevaré a un lugar donde estemos solos… – dijo. Mi mente ya volaba entre orgasmos y eyaculaciones cuando lo mencionó, asegurando – ...te prometo que no pasará nada.
Claro, dije en mis adentros. «Nada que yo no quiera que pase».
Comenzamos a besarnos y la temperatura empezó a subir, había mucha química.
Me senté sobre él como jugando, pero en el fondo sabíamos que queríamos sentirnos, entre besos y risas nos excitamos, rocé mi cuerpo contra el suyo y ya estábamos mojados… con ropa.
Tengo un tatuaje en la pierna, ¿quieres verlo? – Le pregunté, sabiendo en el fondo que eso desencadenaría el deseo que teníamos dentro. No pasará nada, recordé, nada que yo no quiera que pase. Me quitó el pantalón, me miró atónito y empezó a besarme las piernas y se me aceleró el corazón a mil. Al cabo de un momento su lengua ya exploraba mi vagina y él lo disfrutaba, no tardó nada en hacer que me corriera…
– ¡Qué rico..! – exclamé con un gemido. Estaba empezando a volverme loca.
Parecía que su pene iba a explotar y yo lo quería dentro de mí. Empecé a besarlo y me puse en cuatro, eso no podía fallar. Acarició y besó mi espalda de una manera muy sensual y no tardó en hacerme ver luces con el vaivén de su pene en lo más profundo de mi ser. Me nalgueaba con fuerza y yo le pedía que jaloneara mi cabello porque la intensidad me excita.
No tardó mucho en hacer que me corriera, una y otra vez, tenía el movimiento perfecto para hacerme estremecer, había encontrado dueño.
Sus besos apasionados me derretían, estaba tan excitada que solo podía pensar:
«Dame más duro que de aquí soy, no está pasando nada, nada que yo no quiera que pase». 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s